La sociedad novohispana es una sociedad heterogénea, donde tenemos la presencia de tres modos de producción bien definidos: 1) Despotismo tributario; 2) Feudalismo; y 3) Capitalismo Embrionario. A estos modos de producción, se unen las relaciones mercantiles simples, que dan un carácter dominante precapitalista durante todo el período colonial. Para que se pueda hablar de capitalismo en el pleno sentido de la palabra son necesarias dos condiciones: 1) La transformación de la fuerza de trabajo en mercancía; 2) El desarrollo del mercado al nivel necesario, para que las empresas productivas puedan trascender el mercado local y entrar en la vía del crecimiento constante de la escala de producción, y la transformación de las técnicas y métodos de producción. Antes de la formación del capitalismo, existió el proceso que Marx llama la acumulación originaria del capital, que estuvo presente en la Nueva España con la expropiación de la gran masa del pueblo, de las tierras, los medios de vida e instrumentos de trabajo y la concentración de estos en los capitalistas, pero este no es utilizado como capital en la Nueva España, y ni siquiera en la metrópoli. La riqueza acumulada sólo sirvió para que la Corona española pudiera mantener el reino, mientras que para otros países europeos donde las condiciones de desarrollo estaban dadas, fue un impulsor para el capitalismo.

Descripción de los capítulos de la obra

Capítulo I. Las fuerzas productivas. México tiene una gran variedad geográfica, y esto se ve reflejado en el carácter heterogéneo del desarrollo social, agudizado en las etapas iniciales. A la llegada de los españoles, México tenía alrededor de 600 grupos indígenas con diferentes grados de desarrollo. En el norte habitaban grupos nómadas dedicados a la recolección, la caza y la pesca, y en el resto del país fundamentalmente la ocupación principal era la agricultura sedentaria basada en el maíz, que era su base alimenticia, y el cual provenía principalmente del sistema más extendido, conocido como milpa. Hacia 1500 existían dos poderosos estados en el México central: En el este, el azteca, y en el oeste, el tarasco. El dominio del primero, fuera del valle, era exclusivamente tributario lo cual explica el auge de la sociedad del Valle, mientras que el del segundo, hacia de sus zonas conquistadas colonias con su propia gente. No existía la moneda, pero algunas mercancías tomaron el papel de equivalente general, como es el caso del cacao. En el período de conquista y el primer siglo de régimen colonial se destaca la destrucción de las fuerzas productivas y una revolución técnica. La población indígena tuvo un rápido decremento en el primer siglo de la Colonia, siendo la causa fundamental las epidemias, pero otra causa importante fue el peso que sobre ellos tenía el nuevo sistema español de explotación, entre ellos el excesivo tributo que recaía sobre ellos. Fue muy importante el desarrollo de la producción de los colorantes, como el caso de la cochinilla, que era el mayor producto de exportación en las zonas pobres de minas. El ganado tuvo un fuerte impacto, tanto para consumo personal como para la actividad productiva. La artesanía, se desarrolla con grandes dificultades, debido muchas veces a las prohibiciones, siendo los gremios los que alcanzan el mayor relieve social. El transporte fue complicado en los nuevos territorios, por la existencia de barreras naturales, lo cual hacia   que este fuera costoso y muy lento.    La introducción a las nuevas técnicas en las comunidades indígenas fue un proceso lento y desigual.

Capítulo II. El despotismo Tributario. En las zonas de dominio azteca, ya el excedente del producto toma forma de tributo que iba a parar a las manos del aparato Estatal. La cohesión de la comunidad agraria se basaba en la propiedad común de la tierra, en la unión directa de agricultura y artesanía, en la autosuficiencia económica. La forma del tributo adquirido era en especie, además que los pueblos sojuzgados tenían la obligación de mandar a personas para desempeñar diversos trabajos. La estabilidad del dominio español que en esta región se consumó en menos de cinco años tiene que ver con esto: como en el Oriente, las comunidades aceptaron la sustitución del despotismo por otro, en la medida en que el nuevo se erigía en defensor de su persistencia, y el rey de España aceptó gustosamente su papel. Las propiedades de los indios pasaron así a ser concesiones de la Corona a la comunidad. Los derechos que la Corona otorgó a los conquistadores sobre las tierras fueron las encomiendas, sin embargo, cuando se vio afectada por el descenso del ingreso que cobraba a los indios, comenzó a desprotegerlos, pero este tributo duró hasta fines de la Colonia.

Capítulo III. Imperio y mercado internacional. El surgimiento y desarrollo del capitalismo, no puede ser comprendido con una economía nacional única, sino en términos de una economía internacional. Los primeros capitales no provienen de procesos productivos, sino de expropiaciones a pequeños campesinos, el pillaje de los fondos de los empréstitos públicos, pero sobre todo del saqueo de los pueblos coloniales. El triunfo del capitalismo en un país sólo es posible gracias al saqueo de otros. El incremento en la producción de las minas en América aumentó la cantidad de metales preciosos circulando en Europa y una inflación que favoreció la acumulación. España era conocido como "las indias" de otros países Europeos, ya que era simplemente el puente para las relaciones económicas de Europa y la Nueva España, y este a su vez era un país económicamente dependiente a los países más desarrollados del viejo continente. Se estableció un monopolio reducido, sujeto a grandes cargas fiscales que beneficiaban sólo a la Corona y a algunas casas de Sevilla y Cádiz. A raíz de las guerras de España el comercio se vio debilitado y esta situación fue aprovechada por otras potencias. En España se dio el caso típico del brote de capitalismo temprano que no logra romper las trabas feudales y se adapta a ellas o mejor dicho, se integra a ellas, y a través de la Colonia, esto se transmite a América.

Capítulo IV. La República de los Españoles (La estructura). En el siglo XVII, México se fue convirtiendo en una colonia de población y mestizaje. Un sector importante dentro de la sociedad novohispana es el de los inmigrantes y descendientes, que en término de un siglo y medio, creció más de doce veces. Las nuevas empresas españolas mineras y ganaderas nacen en regiones poco densamente pobladas, pero con el paso del tiempo estas constituyen un imán hacia la población. Uno de los grandes éxitos de los conquistadores en tierras novohispanas, fue la traslación no sólo de sus medios de producción, sino también sus sistemas de valores, ideología, instituciones sociales, políticas y religiosas. Existía un gran atesoramiento en las arcas de los españoles en vez de la inversión productiva, ya que el status social depende más de una riqueza y del lujo, que del capital productivo que se posee. En la economía de la república de los españoles, los elementos feudales evolucionan desde el primer paso impregnados de tendencias capitalistas, y el capitalismo temprano aparece integrado y supeditado a los elementos feudales. La Ciudad de México jugó un papel muy importante ya que concentraba a la mayoría de la población, y a mediados del   siglo XVII es la mayor ciudad de América, donde se encontraba el sector más rico y las clases dominantes del país, además de ser el centro comercial más importante de la América española. La economía natural estaba bastante extendida, no sólo en las comunidades, sino también en la República de los españoles. Las haciendas básicamente producían para el autoconsumo, pero tenían también una muy reducida porción de tierra para la producción dirigida hacia el mercado. El comercio interno también estaba bajo un estricto control. Los comercios eran de número limitado, y por eso muchos comerciantes pequeños y medianos se ven en la necesidad de trabajar fuera de la ley. Los obrajes nunca fueron prohibidos, pero estos no gozaron de la protección estatal. La ventaja del obraje sobre el taller artesanal es la división del trabajo. El dinero entra por las exigencias del mercado, pero este era escaso y los conquistadores usaban básicamente el oro y la plata, pero se usaban también los tlacos o clacos, que eran de circulación local. La forma mas generalizada del capital en la Nueva España, es el capital comercial, cuyo desarrollo independiente se halla en razón inversa al desarrollo de la producción capitalista. El capital invertido existente, no aceleraba el desarrollo capitalista, sino la explotación y preservación del régimen semifeudal. La falta de interés de la inversión para aumentar la productividad se explica por la ausencia de un mercado nacional y lo estrecho que eran los mercados locales.

Capítulo V. La República de los Españoles (El trabajo). La gran mayoría de los indios, negros, y mulatos que trabajaban directamente para los colonizadores lo hacían bajo un régimen de compulsión extraeconómica. Entre los indios y negros, el trabajo libre asalariado existió, pero como manifestación secundaria y subordinada. El trabajo en las empresas españolas, era un trabajo muy diferente al que estaban acostumbrados los indios dentro de sus comunidades, y se necesitaba un cambio muy rápido en sus costumbres y actitudes. La corona reiteró varias veces que los indios tenían que ser tratados como hombres libres, pero en la práctica, fomentaba la esclavitud, la encomienda, el repartimiento y el peonaje. Con el descenso de la población, la corona los protegió contra los excesos de los españoles, pero el sistema los forzaba a trabajar en las minas y empresas españolas ya que eran "útiles" para la Corona. Durante los primeros años de la colonia, existió una gran explotación de los indios por medio de la esclavitud manifiesta, y aunque se trató de limitar, esta siguió hasta los fines de la Colonia. Durante los siglos XVI y XVII, la gran mayoría de los indígenas estaban sujetos a la encomienda y / o al repartimiento, que no son esclavos en el mismo sentido en que lo eran los sometidos a la esclavitud manifiesta, y no han sido arrancados a las viejas relaciones de su sociedad.

Capítulo VI. El sistema en movimiento. En los primeros años de la conquista, los españoles se abastecían casi exclusivamente de la república de indios por medio del pillaje y el tributo no institucionalizado. Cuando crece la importancia de la colonización y el mestizaje, los lazos entre la república de indios y la república de españoles son por un lado la encomienda, y por el otro lado el tributo a la Corona. Desde la conquista la economía novohispana queda unida a la economía europea por medio de cuatro elementos: 1) El establecimiento con un sector minero que produce plata barata; 2) Un sistema de succión del producto excedente por vías públicas y privadas; 3) Un sistema de comercio no equivalente que hace más barata aún la plata y crea un mercado en Nueva España de mercancías europeas; 4) La acción de la metrópoli para impedir el crecimiento de las ramas más competidoras en la Colonia. El período de acumulación originaria en Europa, constituye un proceso de desacumulación en América. De la mayoría del excedente creado en la Nueva España solo una pequeña parte se quedaba en el país, y de ahí se desprende el poco poderío que tenían las clases dominantes novohispanas. El capitalismo es resultado de la relación de factores de orden económico, social, político y económico. Muchos de los factores surgen antes del sistema capitalista. El capitalismo embrionario, es aquel que tiende a insertarse en los poros de la sociedad capitalista, y este se da con la expansión de los mercados europeos en los siglos XV y XVI, pero   la sociedad seguía siendo feudal. No es sino hasta el siglo XVIII cuando puede hablarse de   un capitalismo preindustrial en el pleno sentido de la palabra. En los países coloniales el desarrollo del capitalismo es siempre discontinuo.


La presente obra nos introduce a la evolución de los modos de producción dentro de las formaciones socioeconómicas en el periodo que abarca de 1521 a 1763. Estos sistemas de producción van cambiando durante el período colonial, reflejándose en la comunidad agraria, la hacienda, la manufactura, etc., cuyos rasgos internos persisten; pero su función económica, su importancia y sus leyes de evolución, dependen totalmente del sistema general en el cual están enmarcados.

Análisis de las grandes tesis

En la Nueva España encontramos dos estructuras sociales. Por una parte encontramos   la República de los Españoles y por el otro lado la República de los Indios. Estas dos estructuras son diferentes pero cada una depende de la otra. La Corona, siguió una política para perpetuar la división de estos dos sectores. Para lograrlo tomó medidas para diferenciar el estatus del indígena, encerrarlo en sus comunidades y someterlos directamente al poder Real. La economía de la República de los españoles no englobaba sólo a los blancos, si no que esta integraba también a los indios que fueron separados de sus comunidades, a las castas y a los negros. Los peninsulares y sus familias sólo constituyen una minoría explotadora. Los españoles transportaron la estructura social a imagen y semejanza de la que existía en la metrópoli, pero no todos los aspectos de la sociedad ibérica pasaron a los núcleos colonizadores. Se produjo un proceso de adaptación y selección al nuevo medio, que conformó la personalidad específica de la sociedad colonial, estrechamente relacionada con la metrópoli. Las relaciones entre la república de los indios y la república de los españoles son de dos tipos, donde las más importantes no tienen carácter mercantil: de la república de los indios salen tributos en forma de trabajo, producto y dinero, que no reciben remuneración alguna; estamos frente a un sistema de intercambio no equivalente. Otro tipo de transacciones, adquieren la forma de cambio: la venta de los productos de las comunidades en los mercados de la república de los españoles, y el trabajo asalariado en sus empresas. La población indígena sufrió un gran descenso al mismo tiempo que la población blanca, mestiza y mulata aumentan constantemente, y así, paralelamente, la estructura tributaria cede el lugar a la república de los españoles. En la república de los indios recae el sistema despótico tributario, que es la relación directa entre las comunidades indígenas y la Corona en coalición con la Iglesia, y por otra parte tenemos la república de los españoles, donde el feudalismo y el capitalismo embrionario están estrechamente entrelazados. Mientras la naciente burguesía española de corte feudal promueve la creación de una sociedad basada en la propiedad privada, la Corona, basándose en la existencia coincidente de una fuerte burocracia rigurosamente jerarquizada en ambas culturas, aspira a la formación de una estructura despótico - tributaria. Por eso defiende la comunidad indígena, frena la expansión feudal o burguesa de los colonizadores y extiende el dominio de una burocracia cuyo dominio se deriva del nombramiento y la gracia del rey y no de las riquezas y el poder acumulado en forma independiente. La unidad principal de producción es la comunidad agraria. El trabajador es un miembro de la comunidad donde el producto excedente es expropiado bajo la forma de tributo. El despotismo tributario y la encomienda novohispana de los siglos XVI - XVII exhibe diferencias esenciales con el régimen feudal de Europa occidental. A diferencia de lo que allí sucede, en la Nueva España la gran propiedad feudal privada no constituye la base del sistema de explotación. Predomina en cambio la propiedad inmanente del Estado. Está también ausente otro elemento fundamental del feudalismo de Europa occidental: la parcela campesina privada, separada de la comunidad, casi no existe. En Europa occidental, la mayor parte de las luchas contra los señores feudales se apoyan en el pequeño propietario. La emancipación de éste yugo de la servidumbre, sienta las bases para la proliferación de la pequeña producción mercantil, antesala del capitalismo. En la Nueva España, las luchas campesinas son, en la mayoría de los casos, luchas de las comunidades y cada triunfo consolida más las condiciones de su reproducción.

En el siglo XVI la encomienda es la célula vital de organismo económico novohispano. La encomienda es una asignación oficial de comunidades indígenas a un colonizador privilegiado. Respecto a la Corona y la Iglesia, el encomendero tiene obligaciones militares, religiosas y derecho público, debe asegurar la sumisión de los indígenas, regular su administración y convertirlos al cristianismo. A cambio de ello, adquiere el derecho al tributo de los indios. La encomienda no es una propiedad sino un usufructo, ya que la Corona conserva la propiedad de las tierras y recursos naturales.   Los indios no son libres, son vasallos del rey, no del encomendero. La encomienda no es enajenable, no puede   ser vendida o traspasada; desaparecido el encomendero, su posesión se revierte a la Corona. A principios del siglo XVII, ésta ha terminado su función de transferencia. Se vuelve un factor de conservación de los pueblos. El encomendero, en la medida en que no se ha transformado en hacendado o minero, ha dejado de ser un "caballero de la acumulación primitiva" para transformarse en defensor de la comunidad y aliado de la Corona.

Cuando la encomienda comienza a debilitarse, nace el repartimiento. El repartimiento en la Nueva España, es el sistema de trabajo racionado y rotativo en las unidades económicas de la república de los españoles, que afectaba tanto a los indios de encomienda como a los no encomendados, y que beneficiaba a una clase poseedora mucho más amplia de la que había gozado la encomienda. A diferencia de la encomienda, los repartimientos eran otorgados más frecuentemente con propósitos económicos bien definidos. Bajo este nuevo sistema, la prioridad de las solicitudes es fijada por el virrey, quien puede administrativamente limitar, prolongar o suspender el repartimiento. La sustitución de la encomienda por el repartimiento corresponde a la paulatina desaparición de trabajo no retribuido, y a la generalización del pago obligatorio de salarios. Este sistema de repartimiento se destaca con particular claridad, la sujeción colonial de los indios en su conjunto a las necesidades colectivas de la república de los españoles. El rey hizo varios intentos por moderar o incluso abolir el repartimiento, pero estos efectos fueron limitados y se mantuvo en la mayoría de los lugares bajo su nombre o encubierto por el nuevo sistema del alquiler forzado.

Desde el principio, la atención de los conquistadores se concentró en la extracción de metales preciosos. Los españoles sabían poco de minería, y casi todas las técnicas que dominaban eran de origen alemán e italiano. Al principio, los frutos que rindió esta actividad no fueron los esperados, pero con el descubrimiento de minas altamente explotables y el recién introducido método del patio, el rumbo cambió. Junto a las minas de plata, surgieron muchas ciudades y estas fueron un magneto a los productos de todo el país y junto con ellas surge una serie de empresas complementarias. La hipertrofia de la minería frena el desarrollo de otras ramas productivas en forma independiente, ya que los ingresos monetarios concentrados en las manos de las clases dominantes no se transforman en demanda de mercancías manufacturadas localmente, sino en bienes importados de las metrópolis europeas.

Por su importancia y poder adquirido, la Iglesia fue una muy importante institución en la colonia y además de la burocracia real, fue el otro gran pilar de la Corona. La riqueza de la Iglesia se originó a mercedes de la Corona, por medio de los diezmos, impuestos, legados y donativos que pagaban españoles y mestizos, y las cofradías de los indios y castas. La Iglesia constituye un obstáculo al surgimiento de la burguesía local. Fue el prestamista más importante en la Nueva España. Los centros de la actividad financiera de la Iglesia eran los Juzgados de Testamentos, Capellanías y Obras Pías.

Por último, vemos la aparición de la Hacienda. El surgimiento de esta se da por la coincidencia de dos fenómenos: 1) el eclipse del complejo minero y 2) la crisis de la economía comunitaria. En el siglo XVII, la hacienda representa un gran avance: la consolidación de la propiedad privada, la sustitución de los métodos comunales por otros, mucho más avanzados. A finales del siglo XIX, su función es totalmente diferente: constituye el freno principal al desarrollo del mercado nacional de productos y mano de obra.

Descubrimiento de un placer. Grabado del libro de G. Agrícola, Doce libros sobre minería, publicado a principios del siglo XVI
Octavio Izquierdo Montes
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