Entre sus filas, encontramos   a los actores de clase feudal   o semifeudal, a la pequeña burguesía, a los rescatadores, comerciantes ambulantes, buhoneros y contrabandistas, a los transportistas y arrieros acomodados. En tercer lugar tenemos al pueblo trabajador, conformado por los campesinos, artesanos, proletariados, esclavos, arrendatarios, aparceros, dentro de los   gremios a los oficiales, aprendices, artesanos indígenas; a los obreros de las minas y a los léperos o plebe. El status social, ya no depende de un grupo racial, pero dentro de la clase dominante encontramos a los españoles, europeos o criollos. La clase media estaba formada por criollos, mestizos y mulatos y se excluye a los indios. En las clases trabajadoras encontramos a los indios y mestizos. Los indios ocupan el escalón más bajo y constituyen el estrato más cruelmente discriminado y explotado de la población. Durante la revolución se forman cuatro grandes bloques. 1) la reacción colonialista; 2) el partido conservador; 3) la corriente liberal; 4) el partido popular revolucionario. El movimiento independentista triunfa, porque las clases dominantes de la metrópoli no son capaces de ofrecer una resistencia eficaz. El estudio del papel jugado por cada clase social a lo largo de la revolución con todos sus matices locales; la forma como se constituyeron todos los bloques y las fuerzas que jugaron el papel hegemónico en cada uno de ellos, es la clave para comprender la revolución de independencia y , en cierto medida, el medio siglo que le siguió.

II. Los cien días: La aristocracia criolla y la independencia. Los primeros mexicanos que desarrollaron una ideología de clase fueron los terratenientes, propietarios de minas y comerciantes, que conformaban la aristocracia criolla. Esta aristocracia, esbozaba un proyecto político y económico que, en el fondo, era una alternativa al dominio español. El 26 de diciembre de 1804, la Corona española expidió la Real Cédula de consolidación para la venta de bienes pertenecientes a obras pías, urgida de fondos para cubrir sus gastos bélicos. Este decreto beneficiaba a los grandes comerciantes españoles, y aprovecharon el debilitamiento del principal prestamista de la Colonia, la Iglesia. A principios de junio de 1805, la noticia de la crisis política de la metrópoli se divulga en México. La oligarquía española, estaba decidida a conservar el dominio peninsular, y aprovechar la ocasión para derogar las más irritantes reformas borbónicas. Los criollos ricos, hacendados, estancieros y dueños de minas se proponían asegurar su participación directa en el poder y derogar las prohibiciones que frenaban su expansión. En los cien días que siguieron a la llegada de las noticias de la crisis en España, la lucha por el poder se concentró en la capital. El enfrentamiento se dio entre la Audiencia y el Ayuntamiento, constituido por los criollos, pero este solo aparecen familias poderosas, que no representaban realmente a todos los criollos. Los criollos querían simplemente ocupar el lugar de los españoles, sin hacer parte del movimiento al pueblo. Se crea una asamblea para debatir el futuro del país, y es la primera vez que se convoca a una reunión donde aparecieran juntos el Ayuntamiento y la Audiencia. Los cien días fueron tiempo de inquietud popular y de manifestaciones esporádicas y espontáneas en un estadio de ánimo y cada vez más impaciente y rebelde en el seno de las masas. Comienza la idea de un golpe de Estado en algunos militares, pero la fuerza de este golpe vino de los Comerciantes. En la noche del 15 de septiembre se da el golpe de Estado. A las 12 de la noche, el virrey y su familia fueron arrestados. El golpe de Estado dañó seriamente el respeto que las masas tenían al gobierno virreinal: desprestigió el plan conservador de un movimiento independentista desde arriba, sin participación popular; impulsó a los círculos liberales a internarse por el camino de la conspiración insurreccional. Comienza la preparación de la revolución. La revolución de 1810 se haría sin el partido conservador, incluso, en contra de él.

III. La revolución de 1910 - 1920: algunos problemas de interpretación. La revolución mexicana de 1910 fue la revolución social más profunda que conoció América Latina, antes de la cubana de 1958. Durante la época del porfiriato, se produjo un importante desarrollo del capitalismo, sin embargo, esa transformación se realiza desde arriba, por la vía más reaccionaria posible. La revolución produjo una ruptura profunda en ese proceso. De acuerdo con la ideología oficial, la revolución que se inició en 1910, continúa hasta nuestros días. Algunos autores fijan el término en 1917, otros en 1920, y otros hasta 1940. Algunos autores describen el papel de la clase obrera durante la revolución como una clase pasiva, pero esto no es del todo cierto, ya que ese período es uno de los más dinámicos en la historia del movimiento obrero mexicano, es cuando se multiplican los sindicatos, las organizaciones mutualistas, las agrupaciones de tipo político, aparecen multitud de nuevos periódicos proletarios, las olas de huelgas se suceden una tras otra. Los obreros luchan por sus intereses propios, pero no poseen un proyecto que represente una alternativa para toda la sociedad, ni la fuerza política o militar que les permita ganar el apoyo de las demás masas.

IV. El gobierno de Obregón, la deuda exterior y la independencia de México. Nada más actual que el tema de la deuda exterior de México. Es un error común pretender examinar la deuda exterior en sí misma separándola de los otros procesos de la economía y la política. Al tomar Álvaro Obregón posesión de la presidencia en 1920, debía hacer frente a una cuantiosa deuda pública. La mayor parte de esta provenía de compromisos contraídos por los gobiernos anteriores a la revolución y el resto, de daños causados durante las luchas intestinas, así como de las medidas tomadas para aplicar la reforma agraria. En 1920, no había una sola rama importante de la economía que no estuviera dominada por capital extranjero. Obregón podía tomar dos caminos: la nacionalización, o llegar a un acuerdo con las compañías extranjeras, para reestablecer el funcionamiento normal de la economía del país. Alrededor del 20% de la deuda pública interna y externa estaba en manos de norteamericanos. En 1919, se formó el comité Internacional de Banqueros con negocios en México. A principios de 1922, De la Huerta, fue enviado a Nueva York para buscar un arreglo con el Comité, con dos propósitos: obtener el reconocimiento de Washington y que se reiniciara la corriente de préstamos. El comité quería expandir su radio de acción. El comité logró todos sus propósitos, el gobierno de México, ninguno. En mayo de 1923, comienzan las conferencias de Bucareli, las cuales determinaron la estructura de la sociedad mexicana por muchos años. Los convenios de Bucareli cerraron el camino a las nacionalizaciones. El 30 de junio de 1924, México suspendía temporalmente el servicio de la deuda exterior, pero los convenios aceptados por el gobierno de Obregón pasarían como antecedentes para el arreglo de los problemas de la deuda durante más de veinte años.

V. Las revoluciones en la historia de México. En los primeros ciento veinte años de vida independiente, México fue para Latinoamérica lo que Francia para la Europa del siglo XIX. Es aquí donde las luchas de clases adoptaron sus formas más precisas y clásicas, donde las sociedades latinoamericanas se manifestaron en grandes explosiones revolucionarias. A pesar de que los resultados de esas revoluciones no siempre correspondieron a su violencia, y que al menos una de ellas pueda considerarse inconclusa, han sido el motor de la historia mexicana y constituyen, a la vez, la clave. Estas tres revoluciones fueron la de 1810, la del movimiento de reforma y la de 1910. Este es el centro de la discusión, ya que algunos autores no identifican a las primeras como una revolución, y en cambio, a diferencia de las dos revoluciones del siglo XIX, el carácter revolucionario de los sucesos de 1910 no ha sido directamente cuestionado. Hay dos criterios para calificar a una revolución: 1) Toda revolución transforma profundamente la estructura social, económica y política de la nación; 2) Una revolución social, es aquella que marca el paso de una formación socioeconómica a otra, el cambio de un régimen de propiedad a otro nuevo. Muchos de estos cambios no se reflejan de un momento a otro, al contrario, es un proceso que puede durar varios años, y por eso entra en polémica el término de revolución inconcreta. También tenemos que observar que no todas las revoluciones son de corte burgués. Estas tres revoluciones constituyeron un viraje auténtico en la vida de la nación. Los fracasos y limitaciones de las tres revoluciones son, en última instancia, los fracasos y limitaciones de la burguesía mexicana. Otra característica de toda revolución es la participación intensa de las masas populares. En estas tres revoluciones, el poder cambia de manos. En la de 1810, México se independiza de los españoles, y el poder cambio de manos en los años siguientes. En la reforma,   el bloque revolucionario era más definidamente burgués. En la revolución de 1910, con la subida al poder del "grupo de Sonora", se acaba con la corriente que detentaba el poder en la época del porfiriato, el nuevo Estado es tan burgués en esencia, y sin embargo tan diferente a él.

VI. Acerca del ciclo de las revoluciones burguesas en México. En la historia de nuestro país, existe claramente delimitada   una época de las revoluciones burguesas. Lo común a las revoluciones de 1810 - 21, 1854 - 67, 1910 - 17, y las reformas de 1935 - 39 es que todas ellas tiene por objetivo la consumación de la transformación burguesa en México. Las dos primeras revoluciones pertenecen claramente a la época de las revoluciones burguesas en el mundo. La de 1910 - 17 y las reformas de 1936 - 39, se manifiestan en cambio cuando la crisis general del capitalismo se ha declarado y las revoluciones socialistas se suceden desde 1917. Eso marca los movimientos mexicanos: tienen un carácter antiimperialista (sobre todo en el segundo) y las demandas campesinas y obreras se expresan más claramente. Los logros de tres revoluciones burguesas y de un período de intensas reformas, en México aparecen extraordinariamente limitados, pero este ciclo revolucionario es el único completo y victorioso que se conoce en América Latina. Al terminar el ciclo de las revoluciones burguesas, en México se inicia la época de preparación de una revolución que puede ser dirigida por la clase obrera. Para que una revolución burguesa sea llevada "más allá de su meta", es necesaria la presencia de una izquierda radical, surgida en las entrañas de la pequeña burguesía e impulsada por la acción de las masas campesinas y los elementos plebeyos de la ciudad. La historiografía mexicana olvida frecuentemente la corriente plebeya - revolucionaria en la independencia, y los puros de la reforma son inconcebibles sin la acción revolucionaria de las masas.


En este libro, el autor reúne una serie de ensayos en los que se refiere prácticamente a todos los períodos de la historia de México. El libro se divide en dos partes. En la primera estudia la estructura económica del país. En la segunda parte están agrupados los   ensayos que se refieren a las clases sociales y las revoluciones mexicanas. Además tenemos dos capítulos dedicados a resolver cuestiones teóricas.

1. Ensayos teóricos

I. Filosofía revolucionaria e Historia. En América Latina y México, la historia es la más antigua de las ciencias sociales. El estudio de la historia no puede desligarse de la cultura popular. Para el marxismo, el pasado y presente conforman una unidad invisible con etapas distintas de una historia natural de la humanidad. El pasado se explica por el presente y este último sólo es cognoscible como fenómeno histórico. La historia no se escribe al margen de los intereses de clase. La clase dominante domina también la investigación y la enseñanza de la historia. Pero la hegemonía no es el dominio total. La historiografía anterior no debe ser ignorada, sino superada. La historiografía mexicana ha producido dos corrientes: la apologética, donde se dan adjetivos bombásticos, falsificación intencional de los hechos, etc., pero no podemos subestimar la importancia de esta escuela. Por otra parte tenemos la corriente objetivista, que pretende mantenerse por encima de las luchas contemporáneas, y su obra se presenta como neutral, objetiva, fiel a los hechos, libre de juicios de valor. El marxismo considera el compromiso con las luchas revolucionarias de la clase obrera y los trabajadores en general, como el punto de partida del quehacer del historiador, pero excluye cualquier forma de apología, incluso la mejor intencionada. También señala la dirección ascendente de la historia, desde la comunidad primitiva hacia las sociedades de clases; de la última de éstas, el capitalismo hacia el socialismo.

II. Acerca de la periodización. Toda periodización es una abstracción por medio de la cual separamos un momento determinado del flujo ininterrumpido de la historia para otorgarle un carácter de ruptura o viraje. El objetivo de la historia y de su periodización no es el devenir de la sociedad en general, sino la sucesión ascendente de niveles diferentes de este sistema, o de formaciones económicas de la sociedad, cada una de las cuales se origina en el seno de la anterior. En la historia, no existen cortes verticales o rígidos. La periodización va de lo general a lo particular, y de lo particular a lo general. Entre algunos historiadores mexicanos, priva la idea de que la periodización responde exclusivamente a la imaginación creativa del historiador y que sólo refleja necesidades ideológicas o didácticas.

2. Estudios sobre economía

I. Feudalismo y capitalismo en la Nueva España (1521 - 1765). En los dos primeros siglos de su existencia, la economía de la Nueva España constituye un sistema heterogéneo en el cual existen tres diferentes modos de producción, que no se encuentran separados y cada uno se encuentra bien definido: el despotismo tributario, el feudalismo y un capitalismo embrionario y dependiente. El conjunto de estos tres sistemas bien definidos y, aunado a esto, las relaciones simples de mercado, da un carácter precapitalista durante todo el período colonial. El sistema esta formado por dos estructuras: la república de los españoles y la república de los indios, donde cada una es dependiente de la otra, pero en ningún momento se trata de una sociedad dual. El sistema novohispano forma a su vez parte de un todo mucho más vasto: el imperio español y, a través de él, los grandes centros capitalistas del siglo XVI, XVII y principios del XVII, que transforman a las colonias de América en un centro de explotación para la acumulación primitiva. Los siglos XVI a XVII forman el período de transición del feudalismo al capitalismo. En el siglo XVII México fue convirtiéndose en una colonia de poblamiento y mestizaje. En el siglo XVI, la encomienda es la célula vital del organismo económico novohispano, la cual no es una propiedad, sino un usufructo.

II. El capitalismo en la minería y la agricultura de la Nueva España, 1760 - 1810. El capitalismo es un sistema de producción, donde no se puede hablar de su aparición, antes de la sumisión masiva del productor al capital, ya sea en la forma directa del trabajo asalariado u otras formas indirectas de transición. El último medio siglo de la Colonia se caracteriza por un crecimiento notable de la producción y el comercio, que puso a prueba la estabilidad de todas las instituciones coloniales, donde también la explotación de metales alcanzó un auge sin precedentes. Este aumento se debe ante todo a la reforma del sistema colonial español. La minería desplazó al comercio como fuente principal de nuevas fortunas. La mayoría de los grandes mineros invertían grandes sumas en la agricultura. Humboldt calcula que el valor de la producción minera ascendía al 90% de la agricultura. En 1787, se consideraba que 50 mil familias estaban ocupadas en la minería. En la minería se iba conformando un tipo de trabajo libre, llamado "partido". El producto de la minería de metales preciosos no estaba dirigido al mercado interno. Las ataduras coloniales, el atraso técnico y las dificultades de las otras ramas de la industria, impidieron que el auge minero tuviera efectos más profundos en la economía del país, pero más importante fue el atraso agrícola. La agricultura en la Nueva España estaba dedicada, casi exclusivamente a la satisfacción de las necesidades internas. La agricultura también conoció una etapa de auge, debido a tres factores principales: el crecimiento de la población, el aumento de las inversiones y el auge del mercado interno en las minas y las zonas urbanas. A fines de la Colonia había tres tipos de explotación: la hacienda, la comunidad indígena y la pequeña propiedad. La fundación de la hacienda concuerda con la expropiación de las comunidades indígenas y el surgimiento de un ejército de trabajadores libres o semilibres. El predominio de la hacienda que podemos llamar "extensiva", en la mayor parte de la Nueva España, frenó el avance técnico de la agricultura y limitó aún más el papel transformador de la minería en auge.

III. La Hacienda mexicana y la transición del feudalismo al capitalismo . Desde el siglo XVI hasta principios del XX, la economía de México es fundamentalmente agraria. Durante el siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII la organización de la producción agrícola tiene un carácter sumamente heterogéneo, donde se encuentran las comunidades indígenas y los ingenios, las estancias o ganaderas (embrión de la hacienda). La sociedad en el último tercio del siglo XIX marcha aceleradamente por la vía del capitalismo, y la hacienda es un obstáculo que frena la creación de un mercado interno de mercancías y fuerza de trabajo. El proceso de gestación del sistema agrario basado en el dominio de la hacienda duró más de cien años. Aún cuando las primeras unidades económicas de este tipo aparecieron a mediados del siglo XVI, no fue sino en el siglo XVII cuando se transformaron en elemento preponderante de la agricultura mexicana. La existencia de la hacienda presupone la expansión territorial. A falta de un mercado interno desarrollado, el único medio con el que cuenta el hacendado para acrecentar su participación, es el de eliminar a los competidores, apoderándose de su medio de sustentación, la tierra. La mayor parte de las tierras, estaba concentrada en un puñado de familias superpoderosas, pero esta no era la única clase terrateniente, ya que existía otro grupo, con menores extensiones de tierra. Existe un mercado estable de haciendas y los dueños de la mayoría de estas cambiaban con frecuencia.   En México, el caso del terrateniente que dirige personalmente el funcionamiento de su hacienda es raro. Lo más frecuente es que tenga un mayordomo a quién le interesa la buena marcha de la empresa con participación en las ganancias, o bien que arrienda la hacienda a otra persona que paga una renta fija y conserva el resto de los beneficios.

IV. Lenin, la teoría del capitalismo monopolista de Estado y los países capitalistas de nivel intermedio . El Imperialismo es la fase monopolista del capitalismo. El capital financiero, es la unión de monopolistas bancarios con los monopolistas industriales. El capitalismo de Estado, es el sector económico capitalista del Estado bajo las condiciones de la dictadura del proletariado. El socialismo, no es más que el monopolio capitalista de Estado, puesto al servicio de todo el pueblo y que por ello no ha dejado de ser monopolio capitalista. El desarrollo desigual es la ley absoluta, tendencial, del sistema de producción capitalista.

V. Tres aspectos del surgimiento del capitalismo monopolista de Estado en México . El modo de producción dominante en México es el capitalismo, no sólo por sus relaciones de producción internas, sino porque forma parte del sistema capitalista mundial. En México, el desarrollo económico de los años 1940 - 1960, creó las condiciones para la aparición del capitalismo monopolista de Estado y la última década marca el inicio de esa fase del desarrollo capitalista. Cuando se habla de capitalismo de Estado en México, deben tomarse en consideración tres elementos: 1) nuestro país nunca ha pasado por un período de capitalismo competitivo libre de la presencia de sectores altamente monopolizados; 2) se trata de un país de desarrollo capitalista medio con importantes elementos de atraso y sectores subcapitalistas importantes; 3) es un país dependiente en el cual el capital monopolista internacional juega un papel muy importante.

3. Estudios sobre la lucha de clases

I. Clases sociales y partidos en la revolución de independencia. Los hombres se agrupan ante todo de acuerdo con el lugar que ocupan en el proceso de producción, pero también en función de su raza o etnia y de su adscripción   corporativa. La sociedad novohispana no estuvo al margen de estas clases sociales. En primer lugar tenemos a las clases dominantes. En la cúspide tenemos a la alta burocracia virreinal. La más vieja de las fracciones de la burocracia, son los comerciantes ultramarinos de la Ciudad de México. Por otra parte tenemos a la Iglesia, que es la corporación más importante de la colonia; en el siglo XIX, es el baluarte de la reacción terrateniente y burguesa. Por otra parte tenemos a los hacendados o terratenientes, y los grandes dueños de minas y manufacturas. En segundo lugar, tenemos a las clases medias, que es el sector de los propietarios de los medios de producción.

Octavio Izquierdo Montes
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